Lo que debes saber, amora, es que quien plagia tiene un límite, no puede ingresar a tus manos, a tus piensos, a tus sentires, no puede narrarlos como tú ni conoce la fuente de la sabiduría que emana de tu pecho, de tu vulva, de tu útera. Bien podría crearlo ella, hacerse para sí misma, crear sus espacios, pero ha decidido que no. Tendrá que esperar a leerte, escucharte, mirarte para saber por dónde andar, de alguna forma es seguidora obsesiva de tus pasos. El patriarcado ha triunfado momentáneamente sobre ella, la convenció de la competencia, pero es momentáneo, deseamos que sea momentáneo, pero no nos toca desearle nada más. Ponernos a salvo implica dejar de pensar a la que nos plagia con amor, no es astuta, no tiene un don, no hay nada que brille cerca de ella, ha elegido la estafa, el hurto, la mentira, la repetición, el ocaso, los grises por encima de los amarillos, debemos dejarle de abrir la puerta y mirar nuestros propios girasoles.