Este año ha sido un año de reencuentros. Ya me puse en ese tono porque hace frío. Ha sido un año de reencontrarme con mujeres con las que en el pasado tuvimos problemas, ya porque pusieron a hombres (transfemeninos) por encima de todas, ya porque la misma misoginia nos impidió conocernos. En la emoción de esos encuentros, entré en un caos emocional para acercarme con mujeres que para mí fueron importantes, pero que no reconocieron su error como todas lo hemos reconocido, vamos, que es normal equivocarnos. Y me tuve que detener. Las amoras me ayudaron a ver que los reencuentros que hemos tenido han sido en el trabajo. Mujeres brillantes haciendo y sosteniendo propuestas radicales. Mujeres que han enfrentado el juicio externo por asumirse radicales. Mujeres que se posicionaron fuertes ante muchos temas. Mujeres que asumieron su error en el pasado como todas. Mujeres que rompieron relaciones con los agresores de otras, incluidos transfemeninos. Con ellas nos reencontramos. No con quiénes al increparlas negaron lo que me hicieron. No con quiénes aún se llevan con agresores denunciados. No con quiénes devalúan continuamente nuestro trabajo en la burla y descalificación. No con quienes esperan de nosotras servicio como un mcdonalds. No con ellas. Y tuve que reaccionar que aún no es tiempo de todos los reencuentros aunque estén ocurriendo varios reencuentros entrañables. Me da mucha pena porque yo quería que estuviéramos juntas de alguna forma, como cuento de hadas, pero también recordé gracias a las amoras que hay bases éticas mínimas y que aún no hay condiciones para estar cerca porque nada nos asegura que hay intención de encontrarnos y no de seguir dañando.
Pero un día seguro que con paciencia, sí se da el reencuentro.