Posmodernidad vs. organización colectiva (2)

El sujeto «no binario», «queer», «trans» se postula como una «evolución» de la «humanidad», como buenos herederos del sistema patriarcal (y luego colonial) que fundaron. Desde esa mirada, despojan a los pueblos ancestrales de mujeres de su historia ginocéntrica y relatan tramposamente esa historia como «trans».
Por ejemplo, están los casos de Amelia Robles, lesbiana del tiempo revolucionario, a quien desde un par de años están llamando «hombre trans», lo mismo que ya ocurre con Sor Juana Inés. La deformación de la historia a su favor, apenas queda develada como patriarcal, se refuerza a marchas forzadas.
En los últimos años han llegado a afirmar un pasado pre-colonial «queer» y se atreven a afirmar desde la teoría descolonial (que no es más que teoría posmoderna) que no hay historia de las mujeres previa a la colonización, porque afirman que no hubo manera en que hiciéramos historia entre nosotras por fuera de la lógica blanca, ignorando así, a nuestras propias abuelas.
De esta forma, los hombres nos siguen colonizando, nos llaman «lo incivilizado» y «salvaje» por hablar de nuestros cuerpos y de nuestra historia. A través de lo «no binario, «queer» y «trans» dan vuelo al viejo sujeto patriarcal (y de la modernidad): el que ostenta la «razón», lo «nuevo», quien sí «entiende», ¿o acaso no les han dicho «retrógradas», «tontas», «conservadoras» o «terfs» por no repetir el glosario GBTQ?
El resultado es el de siempre, son ellos quienes tienen el derecho de enunciación y no nosotras, por eso, refuerzan nuestra estatus de «objeto» en su sistema patriarcal: «cis», «cuerpo gestante», etcétera. Y allá de aquella que no se «actualice», allá aquella que no quiera «evolucionar», allá de aquella que no quiera «entrar en razón»…

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