Ayer J. enunció algo tremendo: «No conozco ni la palma de mi mano». Estábamos en uno de nuestros círculos de reflexion. Yo tampoco la conozco, ni los granos que hay en mis piernas, ni la forma de mi panza, la miro a diario, pero no la conozco. También P. habló sobre los músculos que le han dejado la danza, pero secundó que tampoco se conoce, como si estuviera desconectada. Sé que no somos las únicas escindidas en el patriarcado capitalista heterosexual, sé que era indispensable para la maquinaria que los hombres nos hicieran esto para poder ser explotadas y oprimidas, pero también sé que hay compañeras con mejor completitud corporal gracias a un esfuerzo colectivo y corporal de básicamente sen-tir. Aún así, es tremendo entender, saber, sentir lo que hicieron con nosotras en este sistema ¿no lo creen?, como dijo J. en esa síntesis tan potente de vivir siendo mujer en el patriarcado: «No conozco ni la palma de mi mano».