Esta mañana dudé en defenderme a pesar de la flagrante misoginia por ser lesbiana, escuché lo que dijeron de mí, acusándome de ser «inestable» por no querer casarme con un hombre, acusándome de querer tener «muchas novias» porque eso hacen las lesbianas ¿no? ya ven que eso somos, nos la vivimos en una película porno, qué más vamos a hacer. Me acusaron de ser «desconfiada» por cuidar mis relaciones cercanas con otras mujeres solo porque dije que mis amigas son mis amigas desde las profundidades de mi corazón ¿ya ven que las mujeres en realidad confían en todo mundo excepto las lesbianas? Vaya lesbianas tan malas, reservadas y cuadradas. Qué van a saber de las amenazas de muerte que recibo a diario, de los hombres que han apostado por encontrar mi dirección, no, qué va, qué pueden saber si aman a los hombres. También dijeron que soy «impulsiva» por ser autónoma e independiente, ya ven que las mujeres debemos ser calladitas, sumisas y hundirnos en plazos de rupturas heterosexuales, no se vale mirar a la otra como una mujer entera, ¿está entera? debe mentir o estar enferma de impulsividad porque debería estar llorando, acongojada por no tener pareja, ¿ideas propias? ¿sueños propios?, no, lo que pasa es que es impulsiva, claro, es con impulso que se hace un trabajo de una década a lado de mis compañeras prácticamente de la nada, pero qué van a saber ellas de sueños autónomos. Me dijeron que mi creatividad tenía «rasgos infantiles» y que aparentaba físicamente menos edad, pero qué van a saber ellas de la energía que los hombres te quitan, si es a lo que aspiran. Cuando comencé a defenderme, sentí que exageraba, empecé a llorar mientras lo decía, sentía a mi hermana cerca, pero me daba pena lo que estaba pasando, escribí a mis amigas, una palabra y ya sabían lo que pasaba, ellas me apoyaban con mensajes, entonces lo dije todo, esto es lesbofobia con todas sus letras, la señora de institución empezó a hacer ruidos de hartazgo cuando pedí que me dieran argumentos válidos no prejuicios misóginos, a ver, enséñame la idea que soporta esa conclusión, da evidencia y pruebas, no se vale hablar desde el prejuicio, volteé a mirar a mi hermana, ¿estoy haciendo un show o sigo? «Sigue», dijo, entonces me aventé a decir más, al final, quién sabe por qué pidieron disculpas, disculpas a medias, disculpas con tono de condescendencia, disculpas que no sabían a disculpas, ¿qué te vas a disculpar si me negaste un derecho por ser lesbiana? Mi hermana entonces habló, me defendió como pudo. Al final, entre lágrimas, ya afuera del edificio, me dijo: «Yo pensé que no te defendías, ya aprendiste». Y es que yo siempre le digo a mi hermana: «Eres muy quejosa, siempre te andas defendiendo», y ella siempre me contesta: «Ya aprende a defenderte». Bueno, hoy me felicitó a pesar de todo.