Durante la caza de brujas (ya fuera al término de la edad media en Europa, en la colonización o en los años cincuenta en Latinoamérica) los hombres con todo la flagrancia asesinaban a las mujeres para frenarles la rebelión antipatriarcal, como hoy los feminicidios. Su violencia es responsabilidad de ellos y nadie más. A veces imagino, pienso que hubo alguna mujer entre la multitud, quien quizá aspirando a no ser la siguiente, entre el temor o infectada de patriarcado, lanzaba para ellos un «allá está», «aquí está», señalando con su dedo para que ellos la capturaran: la que traiciona, la regalona del patriarcado, como decía Margarita Pisano. Quizá su dedito señalizador no tenía gran impacto, de todas formas venían por ti, pero puede ser que sí facilitara algo. Es la amiga que le avisa al novio de su amiga a dónde se fue, aún cuando ella le dijo que estaba escapando de él, la que traiciona. Es la que en el feminismo grita «aquí está» para que las redes de proxenetas vengan por otra mientras la entretienen contándole que es «trabajo sexual» o «gestación subrogada», la que traiciona. La que está dispuesta a mentir para entregar a otra a la boca del lobo, ya porque no quiere hacerse cargo de sí, ya porque quiere ver a la otra en la hoguera para ganar una competencia imaginaria que le dé una corona también imaginaria, la que traiciona. Puede ser que una misma fuera la que traiciona, quizá pensaste en que el patriarcado era lo correcto, le dijiste al profesor: «ella me copió», la que traiciona. La amiga a la que le contaste un secreto y ella se lo contó a su novio, la que traiciona. La compañera del círculo exclusivo de mujeres que le pasó a su novio la dirección del encuentro y hasta los textos y lo que conversaron ahí, la que traiciona. Todas esas experiencias están situadas adentro de nosotras, nos hacen creer que todas las mujeres son la que traiciona, nos impiden florecer, desconfiamos y con justa razón. Pero también hubo amigas que amaban, la que te ama, la que amas, las que aman. ¿Cómo fueron las que te amaron y amaste? Ahí vamos a construir, pero sin dejar de atender lo que ya la cuerpa sintió, que no todas quieren amar, aprender a olfatear a las que traicionan es elemental para evitar tantos malos ratos, pero no es la totalidad de la vida.